Argentina es uno de los países con mayor diversidad biológica del mundo. Desde la Puna hasta el Canal de Beagle, desde el Chaco hasta las aguas del Atlántico Sur, el territorio nacional alberga ambientes radicalmente distintos, muchos de ellos únicos en el planeta. Pero hasta hace muy poco, no existía una descripción integral, sistemática y actualizada de todos esos ecosistemas. Eso acaba de cambiar.

Más de 50 especialistas de 25 institutos y universidades nacionales, con la participación de 15 unidades ejecutoras del CONICET distribuidas en todo el país, trabajaron de manera coordinada para describir y caracterizar 12 ecosistemas marinos, 66 acuáticos continentales y 55 terrestres a lo largo y ancho de Argentina. El resultado es el mapeo más exhaustivo realizado hasta ahora de los ecosistemas argentinos, publicado en julio de 2026. 

¿Qué se mapeó exactamente?

El proyecto abarcó los tres grandes tipos de ecosistemas del país. Las fichas de cada ecosistema incluyen características geográficas, ambientales y ecológicas, organizadas de manera estandarizada para que puedan ser consultadas y utilizadas por investigadores, gestores ambientales y organismos del Estado. 

En el caso de los ecosistemas marinos, los mapas elaborados con información satelital y otras fuentes abarcan el 100 por ciento del territorio marino nacional. Para los ecosistemas terrestres, se trabajó con literatura científica reciente, modelos digitales de elevación y otras fuentes complementarias. 

"El resultado es un documento de referencia que cuenta con información organizada en formato de fichas para cada ecosistema, así como material suplementario con datos geográficos y ambientales y un sistema de información geográfica", explicó Paulina Martinetto, una de las coordinadoras del trabajo e investigadora del CONICET. 

¿Para qué sirve este mapa?

La respuesta corta es: para casi todo lo que tiene que ver con las decisiones sobre el territorio y el ambiente. El proyecto fue solicitado por la Dirección de Biodiversidad de la Subsecretaría de Ambiente en el marco de la elaboración del Séptimo Informe Nacional de Biodiversidad, financiado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo. 

Pero las aplicaciones van mucho más allá de un informe oficial. Conocer con precisión dónde se encuentran cada uno de los ecosistemas del país, cómo son, qué especies los habitan y qué servicios ambientales proveen —como el agua potable, la regulación del clima o la polinización de cultivos— es información indispensable para tomar decisiones sobre áreas protegidas, planificación territorial, respuesta ante desastres naturales o políticas de adaptación al cambio climático.

Por primera vez, el país cuenta con una base de datos integrada y estandarizada sobre los ecosistemas, lo que facilita la conservación de la biodiversidad y la planificación territorial. 

Un trabajo colectivo y federal

También vale destacar la escala humana de este proyecto. No fue obra de un único laboratorio o institución, sino el resultado de una colaboración federal que involucró equipos de investigación distribuidos por todo el país, desde Buenos Aires hasta la Patagonia, desde el Litoral hasta Cuyo. Es ciencia argentina pensada desde y para el territorio que estudia.

 

En un momento en que la presión sobre los ecosistemas naturales no cede (debido a la deforestación, la expansión agrícola, la contaminación de cuerpos de agua y el avance urbano), contar con este mapa no es un lujo académico. Es una herramienta concreta para saber qué tenemos, cuánto queda y cómo cuidarlo.

 

Créditos: la nota fue elaborada a partir de la noticia publicada en la página web del CONICET el día 16 de julio del 2026. 

Fotografía: Rodrigo Sinistro. 

 

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