Cuando termina un incendio forestal, las imágenes que quedan son las de árboles calcinados y fauna desplazada. Pero hay algo que no se ve a simple vista y que puede tener consecuencias serias para las personas: lo que le pasa al agua.

Un equipo de investigadoras del CONICET, perteneciente al Centro de Investigación Esquel de Montaña y Estepa Patagónica (CIEMEP), se dedicó durante más de dos años a estudiar exactamente eso. Su punto de partida fue un gran incendio ocurrido en 2021 cerca de las localidades de Las Golondrinas y El Hoyo, en Chubut, que afectó más de 13 000 hectáreas de Bosque Patagónico.

 

Lo que encontraron en el agua

Las investigadoras Cecilia Brand y Yanina Assef compararon arroyos afectados por el fuego con otros similares que no habían sido alcanzados por las llamas. Lo que encontraron fue claro: el incendio alteró profundamente la química del agua, y esos cambios no desaparecen de un día para el otro.

En la etapa inmediatamente posterior al fuego —cuando llegan las primeras lluvias— el agua de los arroyos quemados mostró aumentos muy marcados de turbidez y de sólidos en suspensión. Durante ese período, las concentraciones de fósforo llegaron a ser hasta 17 veces más altas que las de los arroyos de referencia. 

Con el tiempo, el fósforo fue bajando, pero apareció otro problema: un aumento sostenido de nitratos, que se mantuvo hasta el final del estudio. Esto ocurre porque la vegetación quemada ya no puede absorber los nutrientes del suelo, que terminan siendo arrastrados al agua.

Hubo además un hallazgo inesperado: en el primer muestreo se detectó un aumento de metales pesados no solo en los arroyos afectados, sino en todos los de la zona, probablemente porque las partículas generadas por la combustión fueron transportadas por el viento y se depositaron de manera relativamente uniforme. 

 

Por qué esto nos afecta a todos

No se trata solo de un problema ecológico abstracto. Estos arroyos de montaña son una fuente esencial de agua para numerosas comunidades y sostienen múltiples actividades económicas y productivas de la región andino-patagónica.  Y el problema se vuelve más urgente a medida que las zonas habitadas se expanden hacia áreas naturales: cada vez más cuencas que abastecen de agua a poblaciones quedan expuestas al riesgo de incendios.

El incremento sostenido de nutrientes puede modificar las tramas tróficas del ecosistema y, en última instancia, afectar la calidad del agua para consumo humano, especialmente si se combina con otras actividades que ya impactan esos cuerpos de agua.

 

Ciencia en terreno, siempre

Lo valioso de este trabajo no es solo lo que encontró, sino cómo lo hizo. El equipo inició el trabajo de campo apenas dos meses después de extinguido el incendio y mantuvo un monitoreo continuo durante más de tres años. Esa persistencia es lo que permite entender no solo el golpe inicial del fuego, sino cómo se recuperan —o no— los ecosistemas con el tiempo.

 

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Créditos: esta nota fue redactada a partir de la nota publicada en el sitio web del CONICET el día 30 de junio del 2026. Disponible en: https://www.conicet.gov.ar/determinan-el-impacto-de-los-incendios-forestales-en-los-cuerpos-de-agua/

Fotografía: Imagen de Ylvers en Pixabay.