A veces, las grandes revoluciones científicas no ocurren en laboratorios con financiamiento millonario, sino en consultorios de barrio, con dedicación y muchas preguntas sin respuesta. Eso es exactamente lo que pasó con el doctor Roberto Albertazzi, un oftalmólogo argentino que acaba de ganar el premio Giglio d'Oro en Florencia, un reconocimiento internacional a la innovación médica, por una técnica quirúrgica que desarrolló mientras trabajaba en Quilmes, Buenos Aires.

 

Una enfermedad que golpea justo cuando menos se espera

El queratocono es una condición ocular que poca gente conoce hasta que le toca de cerca. En términos simples: la córnea (una capa transparente que cubre el frente del ojo) se va deformando con el tiempo, adoptando una forma de cono en lugar de su curvatura normal. El resultado es una visión cada vez más borrosa, con halos alrededor de las luces y mucha dificultad para ver de noche.

Lo que hace especialmente difícil esta enfermedad es cuándo aparece: generalmente en adolescentes y adultos jóvenes, justo en el momento en que están estudiando, empezando a trabajar o manejando por primera vez. Y puede progresar durante diez o veinte años antes de estabilizarse.

Durante mucho tiempo, el problema fue que se detectaba demasiado tarde. Los pacientes llegaban al médico, les recetaban lentes de contacto, y la enfermedad seguía avanzando en silencio. Cuando finalmente se diagnosticaba con precisión, muchas veces la única solución era un trasplante de córnea.

 

¿Qué cambió con la nueva técnica?

Desde hace décadas existe un tratamiento que consiste en implantar pequeños dispositivos en la córnea para estabilizar su forma. Funciona, pero tenía sus limitaciones y riesgos, entre ellos que el dispositivo podía migrar hacia la superficie del ojo y provocar complicaciones.

Lo que hizo Albertazzi fue rediseñar ese procedimiento desde cero. Su técnica, llamada By-Limbic, cambia el punto de entrada de la cirugía: en lugar de incidir directamente sobre la córnea, trabaja desde el borde del ojo, lo que permite que la incisión se cierre por sí sola en pocos días, sin cicatriz visible y reduce enormemente los riesgos. Además, ofrece una flexibilidad mucho mayor al cirujano para adaptar el tratamiento a cada paciente.

El resultado es una cirugía menos invasiva, más predecible y con menor margen de error. En palabras del propio médico: "Es un cambio de paradigma".

 

Una historia de ciencia hecha en Argentina

Este avance no nació en Europa ni en Estados Unidos. Se desarrolló en el Centro de Ojos Quilmes, con el apoyo científico del Dr. Roger Zaldívar, y fue presentado ante la comunidad médica internacional en el Tercer Congreso Mundial de Queratocono. La técnica ya está publicada en revistas científicas de reconocido prestigio y el equipo sigue trabajando para perfeccionarla.

Es una buena noticia no solo para quienes padecen esta enfermedad, sino también para todos los que creemos que el conocimiento —bien aplicado— tiene el poder de cambiar vidas.

 

Si esta historia te despertó curiosidad por cómo avanza realmente la ciencia, tenemos dos recomendaciones en Hygea Librería:

La estructura de las revoluciones científicas de Thomas Kuhn es el libro que acuñó el concepto de "cambio de paradigma" —exactamente las palabras que usó Albertazzi para describir su técnica—.

El infinito juego de la ciencia explora por qué la ciencia nunca termina, sino que cada respuesta abre nuevas preguntas. Dos lecturas que, después de esta nota, van a adquirir otra profundidad.

 

Créditos: esta nota fue redactada a partir de la nota úblicada en Noticias Argentinas el día 30 de mayo de 2026.

Fotografía: Agencia NA (Magnific)