Durante décadas, la palabra "vacuna" estuvo asociada a la prevención: te vacunás antes de enfermarte para que tu cuerpo aprenda a defenderse. Pero la medicina oncológica está redefiniendo ese concepto. Moderna y Merck acaban de anunciar resultados positivos del estudio de fase 3 INTerpath-001, que evaluó intismerán autógeno, una terapia individualizada basada en ARN mensajero, combinada con pembrolizumab (Keytruda®) tras la cirugía en pacientes con melanoma de piel de alto riesgo.

Los resultados son prometedores: el tratamiento cumplió tanto su objetivo principal de reducir la recurrencia del cáncer como su objetivo secundario de evitar que la enfermedad se propague a otras partes del cuerpo.

¿Qué tiene de especial esta vacuna?

Lo que hace diferente a intismerán autógeno no es solo su tecnología, sino también su lógica: es completamente personalizada. A diferencia de la quimioterapia, que destruye tanto las células sanas como las cancerosas, o de la inmunoterapia, que estimula el sistema inmunitario de manera general, las vacunas personalizadas contra el cáncer entrenan al sistema inmunitario para atacar específicamente las mutaciones presentes únicamente en el tumor de cada paciente.

El proceso es complejo pero concreto: los científicos toman una muestra del tumor del paciente y la analizan para detectar mutaciones. Un algoritmo identifica las mutaciones con mayor probabilidad de desencadenar una respuesta inmunitaria y hasta 34 de ellas se utilizan para fabricar la vacuna. Todo el proceso, desde la muestra hasta el tratamiento listo para aplicar, tarda unas seis semanas.

También es importante aclarar qué no hace esta vacuna: intismerán no está diseñado para evitar que una persona sana desarrolle cáncer, sino para pacientes que ya tuvieron la enfermedad y buscan disminuir el riesgo de una recaída después del tratamiento inicial.

Un paso adelante, no el final del camino

Alcanzar los objetivos de un ensayo de fase 3 representa un avance en el desarrollo clínico, pero no equivale a una aprobación. Todavía quedan pasos regulatorios antes de que el tratamiento esté disponible para pacientes fuera de un ensayo clínico.

Además, persisten preguntas importantes sobre costos y escalabilidad. Las compañías también tendrán que demostrar que la vacuna funciona en otros tipos de tumores, además del melanoma. En ese sentido, ya hay ensayos en curso para los cánceres de pulmón, vejiga, riñón, páncreas y estómago.

Lo que este anuncio sí confirma es que la tecnología de ARN mensajero —la misma que permitió desarrollar las vacunas contra el COVID-19 en tiempo récord— tiene un enorme potencial más allá de las enfermedades infecciosas. La oncología personalizada ya no es una promesa futura: está ocurriendo ahora, en ensayos clínicos con resultados reales.

 

Créditos: la nota fue elaborada a partir de las notas publicadas en Consultor Salud, CNN en español y Diario Perfil.  

Fotografía: Ed Us en Unsplash. 

 

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