Amina Helmi nació en Bahía Blanca, estudió en la Universidad Nacional de La Plata, y acaba de recibir el Premio Kavli de Astrofísica 2026 —uno de los galardones científicos más prestigiosos del mundo— en Oslo, Noruega. Tiene 56 años y pasó décadas trabajando en una pregunta que parece enorme incluso para formularla: ¿cómo llegó a ser la Vía Láctea lo que es hoy?
La respuesta que encontró es tan fascinante como la pregunta.
Nuestra galaxia creció devorando a otras
Lo que Helmi demostró es que la Vía Láctea no siempre fue la galaxia ordenada y en espiral que observamos hoy. Se formó y creció a lo largo de miles de millones de años mediante colisiones y fusiones con galaxias más pequeñas, que fueron absorbidas y asimiladas. En términos técnicos, esto se llama "acreción jerárquica", y la evidencia que lo respalda está escrita en las propias estrellas de nuestra galaxia.
El primer gran hallazgo se produjo en 1999, durante su doctorado. Helmi detectó un grupo de estrellas cercanas al Sol que se movían de manera diferente al resto, con un patrón que no encajaba con el movimiento general de la galaxia. Lo que estaba viendo eran los restos de una galaxia antigua absorbida por la Vía Láctea hace miles de millones de años. Ese trabajo marcó un antes y un después en la astronomía moderna, y la comunidad científica bautizó esos rastros estelares como las "corrientes de Helmi" en su honor.
Años más tarde, usando datos del satélite Gaia de la Agencia Espacial Europea, identificó la última gran fusión que experimentó la Vía Láctea: una colisión masiva ocurrida hace aproximadamente 10 000 millones de años, tras la cual no se produjeron fusiones de gran magnitud y la galaxia tuvo tiempo suficiente para estabilizarse y adquirir la forma que conocemos hoy.
Un premio compartido, un logro único
El Kavli de Astrofísica 2026 se comparte con los astrónomos Vasily Belokurov y Rodrigo Ibata, quienes también contribuyeron a establecer la evidencia de que la Vía Láctea se formó mediante este proceso de absorción gradual de galaxias menores. Pero el trabajo de Helmi, iniciado hace más de dos décadas en La Plata y continuado en la Universidad de Groningen, en Países Bajos, donde hoy trabaja como profesora e investigadora, fue pionero en ese camino.
Por qué importa
Esta historia tiene varias capas. La científica: porque entender cómo se formó nuestra galaxia implica comprender una parte fundamental de la historia del universo. La humana: porque detrás de este hallazgo hay décadas de trabajo paciente, datos analizados con rigor y preguntas formuladas con valentía. Y la argentina: porque una mujer formada en universidades públicas de nuestro país acaba de recibir uno de los premios más importantes de la ciencia mundial.
En Hygea Librería creemos que la divulgación científica no es un lujo sino una forma de entender el mundo que habitamos. Y a veces ese mundo resulta mucho más grande —y más antiguo— de lo que imaginamos.
Créditos: la nota fue elaborada a partir de la noticia publicada en Diario registrado el día 2 de septiembre de 2026.
Fotografía: copyright de Bram Saeys.
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